martes, 9 de marzo de 2010

Ni son todos, ni lo desean

De un tiempo a esta parte los medios de comunicación se afanan en etiquetar a los jóvenes. Ahora, dicen que somos una Generación ni-ni, ni estudiamos, ni trabajamos, ni ganas que tenemos de hacerlo. Esta clasificación viene a engordar, aún más, la ya manida lista de prejuicios y tópicos hacia los jóvenes que realmente solo les perjudican.

Sí, es cierto que el joven, por su naturaleza, su inexperiencia y ansias de vida, generalmente aboga por cierto Carpe diem, por vivir esos años de lucidez disfrutando al máximo de cada momento, divirtiéndose en cada ocasión que se le presenta y potenciando su faceta más hedonista. Y es lógico, pues esta concepción de la vida muy a menudo se desvanece con el paso de los años y el aumento de las responsabilidades. Hay tiempo para todo y todo llega.

A pesar de ello estas premisas juveniles no son una llamada a la falta de valores, indiferencia e irresponsabilidad por la vida, son una válvula de escape, un respiro, un necesario tiempo de ocio. Tiempo de ocio que hay que disfrutar sin dejar que se convierta en el centro de tu vida y en tu única ambición.
El descontrol del ocio es lo que se recrimina a la Generación ni-ni, se les argumenta que viven por y para la fiesta sin ninguna preocupación mayor.

Esta actitud se ha creado y acrecentado con la llegada de años prósperos y de bonanza que han permitido a ciertos jóvenes vivir de la sopa boba porque las economías familiares lo permitían y consentían. Llegado un momento de recesión, este grupo, cómodo en su posición, está mal visto pues la economía familiar que antes todo lo podía ahora cojea, aunque el consentimiento sigue firme. Ese es el problema, el consentimiento familiar, sin él a los rezagados de la Generación ni-ni no les quedaría más remedio que sacarse las castañas del fuego para continuar con su Carpe diem.

Las consecuencias aumentan y se hacen reales cuando la mediática Generación ni-ni se enfrenta al mundo, a buscar un trabajo, a independizarse a tratar de ser alguien de provecho y por los perjuicios creados todo queda en agua de borrajas. Resulta paradójico pues muchos de los jóvenes de hoy tienen una mayor formación y de más calidad que generaciones pasadas. La sociedad es distinta y la forma de concebir a los jóvenes cada vez es más irreal ¿porqué no escucharlos de verdad? No es válido tener en cuenta únicamente a un sector que por consentimiento familiar, disfrutan de la buena vida sin pensar en el mañana.

2 comentarios:

alz753 dijo...

Hola y eso,
He visto el artículo de causalidad, y por comentar que no quede ;-)
Los caminos de los medios de comunicación son "insondables", pero si que es cierto que en general se habla mucho y mal de los jóvenes. Creo que cada vez es más habitual estudiar hasta los 30 años (en este caso estudiar es ir una hora a la semana a la "uni") y 30 fiestas en esa misma semana. Hay mucho vago y mucho "ni-ni", es un hecho.
Pero como bien dices, no lo son todos. Creo que los primeros culpables son las generaciones anteriores que han dejado un mundo en el cual no hay demasiadas ilusiones ni metas. Los jóvenes han visto que su vida es pasarse 60 años trabajando sin descanso y eso no les motiva... normal!!!
Conste que hablo desde el punto de vista de una generación anterior, siendo posible sospechoso de esa misma culpabilidad.

En fín, si los comentarios son el alimento de un blog, espero que esto sea un aperitivo.

Saludos.

Isa dijo...

Tienes razón, probablemente la falta de motivación sea el principal problema para esos ni-ni, pero la generalización hace que los que no lo son terminen siéndolo.
Gracias por tu aperitivo! ;)

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